Ardiendo desde dentro (premio concurso literario)

Ardiendo desde dentro

Las llamas la envolvieron, sintió como su piel ardía ante el tórrido contacto y como vulnerable al ataque desaparecía para dejar paso a la carne viva. Pero no paró, continúo su camino a lo largo del pasillo. Debía de conseguirlo, tan solo se encontraba a unos metros, sabía que podía, que podía conseguirlo. Estaba tan empeñada en su objetivo por conseguir alcanzar el pomo de la puerta que ni tan si quiera pensó en el simple echo de respirar. Saboreó las gotas de sudor mezcladas con sus lágrimas que reflejaban la desesperación que sentía al no poder ir más deprisa. Un nudo se formó en su garganta mientras que su estómago sentía un profundo vacío al pensar en esa inconcebible posibilidad. Está vivo. Seguro que lo está. Maldita sea ¿por qué no corro más deprisa?, se reprendió mientras trataba de hacer sus pasos más largos. Cada vez el pasillo se volvía más y más estrecho, las heridas aumentaban pero el dolor ya no existía, continuó con el únic o objetivo de llegar junto a él de tal manera que ya no fue consciente del suelo que pisaba, provocando que el piso bajo sus pies cediese y cayese en la oscuridad y abismo de la inconsciencia…

-¿Señorita Molina? Responda a mi pregunta – la voz del detective Font la devolvió devuelta a la realidad.

El detective la observaba atentamente con sus ojos celestes tras unas gafas sin montura. Catalina le mantuvo la mirada con una clara expresión de miedo marcada en su rostro. No la iban a sacar de allí, de ese maldito infierno, donde había permanecido por un periodo de tiempo que ni tan si quiera ella sabía. Era inocente ella lo sabía y no merecía hallarse en ese lugar donde lo que veía todos los días eran únicamente cuatro paredes blancas. Un nudo se formó en su garganta y contuvo a duras penas las lágrimas que amenazaban por salir de sus ojos.

-Por favor… L-lo último que recuerdo es haberme despertado entre sábanas blancas y verme envuelta en los brazos de un hombre, una aguja, oscuridad… – deseó cubrirse el rostro con las palmas de las manos, pero no pudo. Sus muñecas se encontraban retenidas contra los reposabrazos de la silla en la que estaba sentada.

Él pudo percibir de pie y a unos metros de Catalina que, a pesar de ser su primer caso, la joven decía la verdad. El detective Font, también llamado Marcos por sus más allegados, recordaba como tan solo entrar en la sala la joven le había suplicado que la sacara de allí, que ella no estaba loca. Marcos, obviamente, no había estado en condiciones de creerla ante la imagen de su cabello oscuro y totalmente despeinado sobre su rostro. En cambio en ese preciso momento sus ojos marrones reflejaban una clara súplica y miedo. Sin embargo Marcos se mantuvo imperturbable e indiferente.

-¿En ese caso no recuerda nada del incendio? – preguntó mientras apoyaba sus puños sobre la mesa metalizada frente a él y de manera inevitable dirigía su mirada a las quemaduras de los brazos de la joven.

-Y-yo tan solo… q-quería salvarle. Tan sólo sacarlo de ese lugar, fui a buscarlo pero n-no fui capaz… – miró fijamente al hombre mientras sentía como el miedo se transformaba en desesperación – Señor, yo se lo juro… No he hecho nada malo, sáqueme de aquí… Soy inocente. No estoy loca…

Marcos se mantuvo en silencio durante unos segundos sin dejar al descubierto ninguna emoción y tras serenarse internamente clavó su mirada azul en la de la joven.

-¿Tiene alguna noción respecto a quien o como se haya podido causar el incendio? – dijo mientras se incorporaba y se pasaba, aparentando tranquilidad, la mano por su pelo.

Catalina agachó la cabeza derrotada y en la misma posición movió su cabeza de un lado a otro en señal de negativa a su pregunta. Tras unos segundos levantó el rostro lentamente y Marcos pudo percibir como una lágrima se derramaba por el rabillo de su ojo dejando una estela brillante por la mejilla tras de si. Marcos dudó por un instante, preguntándose si realmente estaba en lo correcto. Cogió la chaqueta que había permanecido en la silla que no había utilizado en ningún momento y se dirigió hacía la puerta.

-Muchas gracias por su colaboración, señorita Molina – dijo finalmente con una voz fría como el hielo, y tras hacer un gesto con la cabeza salió de la sala de interrogatorio sin mirar atrás.

Una vez fuera avisó a los dos enfermeros, que esperaban junto a la puerta, que ya había terminado y que ya se podían llevar a la señorita Molina. Sin despedirse, emprendió el paso por el pasillo mientras reflexionaba sobre el caso.

-¡Detective Font! – llamó alguien a sus espaldas causando que sus pensamientos fueran interrumpidos. Se giró y se encontró con el Doctor Villegas, encargado de los cuidados médicos de la señorita Molina. Acto seguido le estrechó la mano – Bueno días, detective ¿qué tal va el caso?

-Todavía no tenemos ninguna pista respecto a la identidad del asesino. Confiaba en que su paciente supiera decirnos algo pero tan solo recuerda algunas imágenes. Supongo que tendré que buscar al sospechoso en otra parte– respondió Marcos mientras recordaba el rostro lleno de angustia de la joven.

-Detective Font– dijo el Doctor con rostro serio – respecto a eso he de decirle que la paciente Molina ha experimentado repentinos cambios de humor desde que llegó aquí. Creemos que se trata de una secuela de la experiencia vivida en el incendio, usted ya sabe que debido a las pesadillas la ingresaron aquí. Pero de todas maneras le aconsejaría que no descartará a Catalina Molina de ser una posible sospechosa.

-¿Por qué dice eso? – preguntó Marcos con un brillo de sorpresa en los ojos.

-La señorita Molina a pesar de poder tener un aspecto inofensivo esconde una alma oscura. Catalina es una mujer muy pasional que sería capaz de ejecutar cualquier tipo de acción, inclusive la más terrible de los actos si así lo desea, detective.

Marcos recordó las fotografías en las que aparecía el cuerpo de un hombre totalmente descuartizado en medio de una habitación calcinada y se preguntó si la Catalina con la que había hablado él era la misma que el Doctor Font le había descrito. Y sin poder evitarlo el sonido desgarrador de una voz comenzó a retumbar en su cabeza: Soy inocente. No estoy loca…

Tesi Martínez
1BAT

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